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La punta de lanza del operativo es la candidatura a vicepresidente de Miguel Ángel Pichetto. Se sabe que hasta acá su aporte no son votos, ni un sector de dirigentes peronistas, sino que es más que nada una señal política de a) apertura de Cambiemos, y b) un puente para asegurar gobernabilidad post 10 de diciembre. También se sabe que la movida fue bien recibida por los mercados y el mundo de los negocios. Hasta acá lo obvio.

Sin embargo, esa es solo la punta del iceberg. Por debajo del agua parece estar generándose una gran masa de hielo. Se dice que los gobernadores peronistas jugarían a dos puntas con Macri y los Fernández (F). El garante de un eventual acuerdo con el gobierno sería Pichetto. Algo de eso quiso expresarse en la mesa de gobernadores de diciembre que parecían desembocar en Alternativa Federal. Sobre ese juego ya se empezó a hablar en octubre del año pasado.

De este modo Pichetto vendría a cerrar un circuito de confianza y gobernabilidad, que Frigerio lo habría perdido porque los gobernadores mucho ya no lo creían (sobre todo teniendo en cuenta el desprecio de Macri – Peña por la rosca, como diría Monzó). Desde que está Macri los mandamases provinciales han ganado independencia y recursos, y no están dispuestos a perderlos. Por lo que no están muy contentos con la idea de que Ella vuelva a tomar las riendas. Eso significa además que Alberto no sería la garantía de una nueva etapa como Cristina pretende. Algo similar ocurre con la actitud de los intendentes frente a la candidatura de Kicillof. La única solución a esa desconfianza sería que ella se baje de la fórmula. Además podría haber alguna señal empresarial a dicho esquema.

Si todo esto fuese verdad, una de las primeras señales serían las llamadas “boletas cortas”, de modo que varios gobernadores tendrían una actitud ambigua frente a los F, como los casos de Zamora (Santiago del Estero) y Arcioni (Chubut), quienes expresaron públicamente de todos modos su apoyo a Alberto-Cristina. El punto es, a la hora de la verdad, cuánta onda le ponen a movilizar votantes y si reparten boleta completa de Unión por Todos, o solo una boleta cortada para que cada votante decida qué quiere hacer en materia presidencial.

Qué conclusiones se debe sacar de todo esto?

Como dice el refrán popular: no hay bien que por mal no venga. El Macri budista zen quizá lo haya comprendido.

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